Escribiendo Memento Mori

12.5.05 Alfredo a las 6:56 p. m.

Las pestes

Hablar de Valencia en el S.XIX es hablar de pandemias y enfermedades sin control, sobre todo de cólera, tifus y fiebre amarilla. La otra enfermedad habitual en la época, asociada además a todo el movimiento romántico, es la tuberculosis. Hagamos un pequeño repaso a la tuberculosis y el cólera, principales actores de nuestro drama.

La tuberculosis.
Causa: Bacilo de Koch.
Produce: Progresiva degeneración del aparato respiratorio, aunque puede afectar al resto de órganos del cuerpo (interesante). Expectoración sanguinolenta, fiebre, anemia, cefaleas. Finalmente, si no recibe tratamiento adecuado, desemboca en la muerte.
A mediados del XIX existía poco o ningún tratamiento, a parte de intentar dar al paciente una alimentación rica en hierro y tratar de que el aire que respirara fuera lo más puro posible, ya fuera en la montaña o en la playa. Una de las primeras aplicaciones del Balneario de las Arenas en Valencia fue la de sanatorio para tuberculosos.
También llamada tisis o consunción, su contagio se da tras un contacto prolongado y se relaciona con el número de microorganismos expectorados, la extensión de la enfermedad en los pulmones y la frecuencia de la tos.

El cólera.
Causa: Vibrio Cholerae. Se ingiere por contagio directo, agua o alimentos contaminados por las deposiciones de los enfermos. En Valencia, sobre todo por aguas contaminadas.
Produce epidemias, sobre todo por la velocidad de actuación (de unas pocas horas a tres días).
Produce: Diarrea líquida y vómitos violentos. En poco tiempo llega la deshidratación y la fiebre. Si no se guardan unas estrictas medidas higiénicas, se propaga con facilidad y los propios enfermos empeoran. El tratamiento se basaba en esa limpieza y la hidratación del enfermo, aunque sin antibióticos no se podía asegurar la supervivencia.
Algunos datos: más de cuarenta mil muertos en el XIX en Valencia, lo cual nos presenta una situación dantesca, si juntamos el tifus y la fiebre amarilla. El cultivo del arroz y la falta de higiene propia de la época, daba el caldo de cultivo perfecto para esas enfermedades.
La malaria, pese a no atacar de la misma forma, también tuvo sus brotes.

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